El derecho a una nueva derecha
21-07-10 12:39 AM
| La derecha en Honduras
El derecho a una nueva derecha (Víctor Meza, julio 2010)
El “enviado especial” no pareció entender lo que a simple vista parecía un travieso juego de palabras. Al final, una vez descifrada la picaresca del código y captado el sentido último de la expresión, asintió, entre resignado e impotente, y en su rostro se dibujó una débil sonrisa de aceptación. Era cierto: Honduras, por lo visto y a juzgar por las opiniones y actitudes, tenía derecho a contar con una nueva derecha.
La frase no era fortuita ni provocadora. Era apenas el comentario inevitable luego que uno de los señores golpistas, con más ínfulas de empresario glotón que de negociador político, había proclamado su rechazo a que el General (R) Colin Powell, ex Secretario de Estado norteamericano, integrara la Comisión de Verificación del Acuerdo Guaymuras o Pacto Tegucigalpa/San José, a punto de ser firmado a finales de octubre de 2009 entre las comisiones negociadoras que representaban, cada una desde su propia conciencia, al entonces Presidente Manuel Zelaya y al golpista usurpador Roberto Micheletti. “Ese no”, dijo cortante el empresario, ante el asombro de los extranjeros que estaban presentes en aquella reunión – tertulia que, aunque informal y distendida, no dejaba de revestir gran importancia. Ese no, repitió, para luego agregar la razón suprema de su rechazo: “… porque votó por Obama…” Válgame Dios! Dicho esto, con la satisfacción de la persona a quien se le acaban de subir las ideas a la cabeza, el empresario glotón concluyó triunfante su perorata golpista, deshilachada en malos chistes y alabanzas caninas hacia el gobernante de facto.
La derecha local, golpista y fanfarrona, es una fuerza política y económica profundamente inculta y atrasada. No lee ni cultiva su intelecto, no indaga ni parece interesarse por lo que acontece en el mundo que la rodea. Es una derecha premoderna que, a veces, da la impresión de vivir todavía en el limbo oscurantista de las cavernas. Su visión del mundo es limitada y su percepción del mismo no conoce otro límite que el alcance de sus cuentas bancarias y la dimensión de sus cotidianas ganancias.
Por razones de estudios anteriores y de investigaciones académicas sobre la estructura social del país y la naturaleza de sus actores sociales, creía francamente conocer los límites y posibilidades de los grupos más conservadores de la sociedad hondureña. Estaba equivocado. Apenas si conocía la superficie, el rostro simpático y halagador, la broma cursi o la opinión intrascendente. Pero a partir de junio del 2009, el verdadero rostro salió a flote y mostró sus facetas más siniestras. La derecha criolla se quitó la máscara y mostró las garras, se presentó como es, un asno con garras, para utilizar la apropiada expresión que Rubén Martínez Villena aplicó, con ironía y propiedad abundantes, al tirano Gerardo Machado en los años treinta del siglo pasado en Cuba.
Y es precisamente esa lastimosa combinación de tozudez e ignorancia, de prepotencia y ceguera, la que ayuda a explicar las razones profundas que dictan y orientan el “pensamiento” de la derecha local, su comportamiento cotidiano, sus acciones y provocaciones diarias. No de otra forma puede entenderse esa obsesión casi enfermiza en pretender que el gobierno actual sea o se convierta en una continuación grotesca del golpe de Estado del domingo negro del 28 de junio del 2009 (28J) y que, por lo tanto, persista en la actitud de intolerancia y segregación política hacia todas aquellas personas que cometemos el gravísimo pecado de pensar diferente.
La derecha local, en su doble dimensión de criolla y demencial, no es capaz de absorber y procesar con vocación democrática los desafíos diarios de la conflictividad social. Sólo ve soluciones en la fuerza, en el oportuno auxilio de sus mercenarios a sueldo, en la represión preventiva, selectiva y clandestina, en el rechazo, en la condena, en la exclusión. Es una derecha primitiva, sin conexiones mentales con la modernidad, agrupación de personajes de fulgor escaso y rabia contenida.
No hay duda: el país tiene derecho a una nueva derecha.
El “enviado especial” no pareció entender lo que a simple vista parecía un travieso juego de palabras. Al final, una vez descifrada la picaresca del código y captado el sentido último de la expresión, asintió, entre resignado e impotente, y en su rostro se dibujó una débil sonrisa de aceptación. Era cierto: Honduras, por lo visto y a juzgar por las opiniones y actitudes, tenía derecho a contar con una nueva derecha.
La frase no era fortuita ni provocadora. Era apenas el comentario inevitable luego que uno de los señores golpistas, con más ínfulas de empresario glotón que de negociador político, había proclamado su rechazo a que el General (R) Colin Powell, ex Secretario de Estado norteamericano, integrara la Comisión de Verificación del Acuerdo Guaymuras o Pacto Tegucigalpa/San José, a punto de ser firmado a finales de octubre de 2009 entre las comisiones negociadoras que representaban, cada una desde su propia conciencia, al entonces Presidente Manuel Zelaya y al golpista usurpador Roberto Micheletti. “Ese no”, dijo cortante el empresario, ante el asombro de los extranjeros que estaban presentes en aquella reunión – tertulia que, aunque informal y distendida, no dejaba de revestir gran importancia. Ese no, repitió, para luego agregar la razón suprema de su rechazo: “… porque votó por Obama…” Válgame Dios! Dicho esto, con la satisfacción de la persona a quien se le acaban de subir las ideas a la cabeza, el empresario glotón concluyó triunfante su perorata golpista, deshilachada en malos chistes y alabanzas caninas hacia el gobernante de facto.
La derecha local, golpista y fanfarrona, es una fuerza política y económica profundamente inculta y atrasada. No lee ni cultiva su intelecto, no indaga ni parece interesarse por lo que acontece en el mundo que la rodea. Es una derecha premoderna que, a veces, da la impresión de vivir todavía en el limbo oscurantista de las cavernas. Su visión del mundo es limitada y su percepción del mismo no conoce otro límite que el alcance de sus cuentas bancarias y la dimensión de sus cotidianas ganancias.
Por razones de estudios anteriores y de investigaciones académicas sobre la estructura social del país y la naturaleza de sus actores sociales, creía francamente conocer los límites y posibilidades de los grupos más conservadores de la sociedad hondureña. Estaba equivocado. Apenas si conocía la superficie, el rostro simpático y halagador, la broma cursi o la opinión intrascendente. Pero a partir de junio del 2009, el verdadero rostro salió a flote y mostró sus facetas más siniestras. La derecha criolla se quitó la máscara y mostró las garras, se presentó como es, un asno con garras, para utilizar la apropiada expresión que Rubén Martínez Villena aplicó, con ironía y propiedad abundantes, al tirano Gerardo Machado en los años treinta del siglo pasado en Cuba.
Y es precisamente esa lastimosa combinación de tozudez e ignorancia, de prepotencia y ceguera, la que ayuda a explicar las razones profundas que dictan y orientan el “pensamiento” de la derecha local, su comportamiento cotidiano, sus acciones y provocaciones diarias. No de otra forma puede entenderse esa obsesión casi enfermiza en pretender que el gobierno actual sea o se convierta en una continuación grotesca del golpe de Estado del domingo negro del 28 de junio del 2009 (28J) y que, por lo tanto, persista en la actitud de intolerancia y segregación política hacia todas aquellas personas que cometemos el gravísimo pecado de pensar diferente.
La derecha local, en su doble dimensión de criolla y demencial, no es capaz de absorber y procesar con vocación democrática los desafíos diarios de la conflictividad social. Sólo ve soluciones en la fuerza, en el oportuno auxilio de sus mercenarios a sueldo, en la represión preventiva, selectiva y clandestina, en el rechazo, en la condena, en la exclusión. Es una derecha primitiva, sin conexiones mentales con la modernidad, agrupación de personajes de fulgor escaso y rabia contenida.
No hay duda: el país tiene derecho a una nueva derecha.
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Diez indicios que revelan la actitud de E.E.UU. respecto al golpe de Honduras
13-01-10 01:53 AM
| Posición EEUU frente al golpe
9. La Organización de Estados Americanos (OEA), la Asamblea General de Naciones Unidas y otros organismos internacionales respondieron al golpe llamando al retorno "inmediato e incondicional” del presidente Zelaya. En los cinco meses siguientes, ningún responsable estadounidense utilizó alguna de esas dos palabras.
La mayoría de los votantes estadounidenses eligieron al presidente Obama por la promesa de que cambiaría la política exterior de EE.UU. Para este hemisferio, por lo menos, esa promesa ha sido rota.
El titular del último informe de la revista Time sobre Honduras lo dice todo: “La política de Obama hacia Latinoamérica se parece a la de Bush.”
Extracto tomado del artículo de Mark Weisbrot: "Diez indicios que revelan la actitud de EE.UU. respecto al golpe de Honduras" del 19 de diciembre de 2009.
La mayoría de los votantes estadounidenses eligieron al presidente Obama por la promesa de que cambiaría la política exterior de EE.UU. Para este hemisferio, por lo menos, esa promesa ha sido rota.
El titular del último informe de la revista Time sobre Honduras lo dice todo: “La política de Obama hacia Latinoamérica se parece a la de Bush.”
Extracto tomado del artículo de Mark Weisbrot: "Diez indicios que revelan la actitud de EE.UU. respecto al golpe de Honduras" del 19 de diciembre de 2009.
La inteligencia es agredida por la barbarie
10-08-09 10:18 AM
| Conflicto en la UNAH
"LA INTELIGENCIA ES AGREDIDA POR LA BARBARIE
La universidad es, por definición, un centro de pensamiento caracterizado por la diversidad de posiciones y opiniones, por el pluralismo político e ideológico, por el libre debate de ideas y por el respeto a los que piensan diferente. Ver sus predios invadidos por policías persiguiendo, golpeando y reprimiendo a estudiantes; un ambiente universitario contaminado de gases lacrimógenos y la cuna del pensamiento agredida por policías enardecidos, irrespetuosos
y descontrolados, nos obliga a pensar que la barbarie ha invadido el país y la universidad, colocando su sello de violencia, intolerancia, ignorancia y brutalidad."
Extracto tomado de la denuncia pública de la UNAH sobre los hechos acontecidos el 5 de agosto de 2009 en la ciudad universitaria.
La universidad es, por definición, un centro de pensamiento caracterizado por la diversidad de posiciones y opiniones, por el pluralismo político e ideológico, por el libre debate de ideas y por el respeto a los que piensan diferente. Ver sus predios invadidos por policías persiguiendo, golpeando y reprimiendo a estudiantes; un ambiente universitario contaminado de gases lacrimógenos y la cuna del pensamiento agredida por policías enardecidos, irrespetuosos
y descontrolados, nos obliga a pensar que la barbarie ha invadido el país y la universidad, colocando su sello de violencia, intolerancia, ignorancia y brutalidad."
Extracto tomado de la denuncia pública de la UNAH sobre los hechos acontecidos el 5 de agosto de 2009 en la ciudad universitaria.
¿Cómo reparamos la imagen de Honduras frente al mundo con una sociedad tan polarizada y dividida?
22-07-09 03:50 AM
| Imagen de Honduras frente al mundo
Uno de los saldos más negativos del golpe de Estado del 28 de junio es la polarización extrema de la
sociedad entre los que están a favor y los que están en contra del mismo. La polarización partidaria,
mediática y religiosa ha impregnado la vida cotidiana y obligado a los más cautelosos a guardar
silencio y posicionarse en uno u otro extremo, cuando no les queda otra alternativa. La
polarización se expresa también en los sectores que apoyan el golpe (los perfumados, según el
criterio popular) y los que lo cuestionan (la chusma, según los otros) y va dando lugar a una nueva
polarización (ricos y pobres) que desplaza a las polarizaciones más conocidas y mejor manejadas
por la sociedad (liberales y nacionalistas, católicos y evangélicos, nacionales y extranjeros,
jóvenes y mayores, motaguas y olimpistas). La polarización social, fuertemente estimulada desde
los medios de comunicación y las iglesias, constituye una profunda grieta en la vida democrática
porque ha socavado valores esenciales de la democracia como el pluralismo, la tolerancia, la
solidaridad y el respeto a la diversidad. Reconstruir la cohesión social es una tarea urgente
para el país que pasa por la exigencia de cuentas a los que propiciaron esta situación, el
rechazo al autoritarismo manifiesto en los golpistas y la reflexión sobre el papel negativo que
han jugado en este proceso todos los que provocaron, propiciaron y estimularon la confrontación,
para construir colectivamente la memoria histórica y sacar las lecciones que nos ha dejado
a todos esta experiencia golpista.
sociedad entre los que están a favor y los que están en contra del mismo. La polarización partidaria,
mediática y religiosa ha impregnado la vida cotidiana y obligado a los más cautelosos a guardar
silencio y posicionarse en uno u otro extremo, cuando no les queda otra alternativa. La
polarización se expresa también en los sectores que apoyan el golpe (los perfumados, según el
criterio popular) y los que lo cuestionan (la chusma, según los otros) y va dando lugar a una nueva
polarización (ricos y pobres) que desplaza a las polarizaciones más conocidas y mejor manejadas
por la sociedad (liberales y nacionalistas, católicos y evangélicos, nacionales y extranjeros,
jóvenes y mayores, motaguas y olimpistas). La polarización social, fuertemente estimulada desde
los medios de comunicación y las iglesias, constituye una profunda grieta en la vida democrática
porque ha socavado valores esenciales de la democracia como el pluralismo, la tolerancia, la
solidaridad y el respeto a la diversidad. Reconstruir la cohesión social es una tarea urgente
para el país que pasa por la exigencia de cuentas a los que propiciaron esta situación, el
rechazo al autoritarismo manifiesto en los golpistas y la reflexión sobre el papel negativo que
han jugado en este proceso todos los que provocaron, propiciaron y estimularon la confrontación,
para construir colectivamente la memoria histórica y sacar las lecciones que nos ha dejado
a todos esta experiencia golpista.